CUANDO EL AMOR AL CÓMIC TE DEJA MUDO
No había micrófono cuando se inauguró la nueva sede de la Fundación Cine+Cómics en Santa Cruz de Tenerife, y los presentadores tuvieron que imponerse sobre un público bullicioso y un impertinente aparato de aire acondicionado que no dejaba de soplar en un día tropical pese al vaticinio de los meteorólogos. No, no había micrófono, pero sí un espíritu inflamado, y el eco de las palabras de Francisco Pomares no necesitó amplificación para llenar de emoción la nueva sede del número 35 de la calle San Clemente. Lo que allí se ha inaugurado el día 20 de marzo no es solo un flamante centro de documentación del cómic (con tebeoteca y sala de exposiciones) que ocupa tres plantas de un edificio, sino la nueva Meca de peregrinación para los estudiosos, divulgadores, autores y amantes del cómic españoles, porque se define como la biblioteca de tebeos pública más grande del país, con 140.000 tebeos dispuestos en sus anaqueles.
No había micrófono, en efecto, pero había orden y devoción en un sótano que es, en realidad, una catedral subterránea con tebeos en castellano (e italiano, y también en francés) de todo tiempo, que descansan allí perfectamente clasificados por escuelas y familias, permitiendo al visitante viajar del dinamismo del manga a la elegancia del álbum franco-belga, o saltar de la vanguardia de la nouvelle bande dessinée al músculo de los superhéroes, y desde la profundidad de las graphic novels americanas al más reciente cómic español contemporáneo. Un laberinto de estanterías donde las revistas clásicas grapadas ocupan un espacio en sala aparte, y con el cuadernillo de aventuras de la posguerra desplazado a otra sede, la Casa de la Historieta Manuel Darias.
No había micrófono, cierto, pero sí una pantalla de cine en sala anexa que prometía mil viajes sin salir de las entrañas del edificio. Junto a las estanterías de cómics, la Fundación Cine+Cómics ha habilitado una sala de proyecciones con capacidad para una treintena de personas que promete una sesión continua alimentada por 30.000 películas disponibles, la historia del mejor cine, un medio que apasiona también a los fundadores de este espacio. El edificio cuenta con otra planta, la superior, que alberga la sede de Ediciones Idea, un hervidero de proyectos donde sigue presente el cómic (en las vitrinas llenas de figuras de Tintín, Mickey o iconos de DC y Marvel), con dos salas que la Fundación dedica a la preparación del millar de exposiciones de cómic que avalan una década de actividad infatigable.
No había micrófono, pero había un reclamo que te dejaba mudo al entrar: la exposición dedicada a J.L. Martín, 50 años de dibujos, anticipada con grandes cartelones y profusamente iluminada, que ofrecía al público un despliegue enorme de originales, la mayor muestra jamás reunida sobre el fundador de El Jueves, que se acompañaba con un libro recopilatorio de lo mejor de su obra, titulado igual que la exposición (el nuevo número de la colección Viñetas & Caricaturas, de Ediciones Idea). Este recorrido vital y humorístico desde la infancia hasta la última viñeta del autor satírico llenaba de ingenio y complicidad un espacio expositivo muy amplio, que cuenta con una sala aneja, en el futuro destinada a autores canarios, y un mostrador que promete recuperar la mística del intercambio y la compraventa de tebeos.
No había micrófono, pero la afluencia fue enorme y el
respetuoso silencio del público permitió a Francisco Pomares explicar la
arquitectura de un sueño que ha despertado la sana envidia de todo el sector, o
al menos de los que estuvimos presentes, representantes del mundo de la
divulgación y la gestión cultural procedentes de Barcelona, Madrid, Sevilla y
Bruselas. La labor de la Fundación ha ido más allá de la dinamización del cómic
en Canarias y ha logrado llevar la historieta a la gente. Los tres grandes
escaparates que flanquean la puerta por la que se accede a la nueva Fundación
Cine+Cómics son una invitación transparente: el cómic mira a la calle y la
calle, a partir de hoy, mirará al cómic. Con la promesa de cinco exposiciones
anuales y un flujo constante de divulgadores y autores, este espacio ya es el nuevo faro de la historieta española.
“No había micrófono” decía Lucas Morales que diríamos. Y acertó, pero también decimos que se escucharon bien las voces de Pomares, de J.L. Martín y del alcalde José Manuel Bermúdez, allí presente, que subrayó con autoridad y conocimiento la relevancia de este espacio y el potencial comunicador del medio que todos amamos. No deja de ser irónico que Pomares haya contribuido a la tan cacareada polarización de España: si en Barcelona se fragua la industria y la actividad empresarial, en el punto opuesto del mapa, en Tenerife, es donde se genera hoy la mayor actividad divulgativa y donde reside el centro de documentación de tebeos mejor nutrido del país.
Y ese lugar será del todo perfecto cuando haya micrófono.
















