lunes, 14 de noviembre de 2011

CONGRESO SOBRE CÓMIC EN ALCALÁ


CONGRESO DE ALCALÁ DE HENARES.
I INTERNATIONAL CONFERENCE ON COMICS AND GRAPHIC NOVELS


Los asistentes al congreso internacional sobre historieta (I Internacional Conference on Comics and Graphic Novels) celebrado en Alcalá de Henares entre los días 9 a 12 de noviembre de 2011, hemos regresado desde la ciudad de las cigüeñas (y de Cervantes) a nuestros respectivos hogares con una expresión de felicidad en el rostro. La Conference organizada por el Instituto Franklin ha sido un rotundo éxito. De participación, de organización, en el nivel alcanzado con las ponencias, en muchos casos sorprendentes y cargadas de ideas, y en general en todo lo que ha supuesto para los asistentes. Se matricularon muchos españoles, siendo varios de ellos miembros de la Asociacion Cultural Tebeosfera, concretamente siete: Álvaro Pons, Antonio Altarriba, Antonio Martín, Félix López, Jesús Jiménez Varea, Manuel Barrero y Paco Martos. Lamentablemente, dos de ellos no pudieron asistir por problemas personales o de salud.

El cartel del congreso, frente al a biblioteca de Trinitarias. A la derecha, Jordi Canyissá consulta en un ordenador.
Cabe aclarar, para empezar, que el título fue escogido por los organizadores con interés por lograr los apoyos necesarios para celebrarse, no con intención de enfocar los trabajos hacia las últimas modas teóricas o hacia cierto tipo de cómics. Ha sido un congreso sobre la historieta en general, sin ningún tipo de planteamiento disyuntivo, antes bien al lo contrario: con verdadero interés de abordar el estudio del medio en su totalidad, permitiendo la introducción de muy diferentes enfoques, desde lo multidisciplinar y abiertos a cualquier propuesta.

Llenazo en el congreso, en el paraninfo donde estaban las salas de conferencias.
Los ponentes y asistentes al congreso vieron desbordadas todas las previsiones del inicial call for papers puesto que los matriculados han sido 150, una cantidad muy estimable para tratarse del primer congreso de este tipo que se organizaba en nuestro país. Lo interesante ha sido la participación de bastantes teóricos procedentes de otros países, no sólo los invitados de alcurnia (el británico Sabin, y los norteamericanos Hatfield y Abel), también los inscritos que venían de universidades de una docena de países (el listado es interminable, pero citemos al menos a algunos: Lugo, Pereira, Culbertson, Scherr, Hague, Uhlig, Simonetti, Greenblatt, Krendel, Alshe, Magnussen, Jardno, Ros Selva, Dyring Jones, Wilking, El Rafaie, Pylyser, Vermassen, Pascoal, Fielder Ewing, Briffa, Waltonen, Keazor, Byers, Grennan, McHarry, Kontturi, Shahrokhi, Horton, Lacomb, y bastantes más). La media de edad de los participantes era, por cierto, bastante baja, generándose una población académica en el Colegio de Trinitarios de Alcalá que a más de uno nos llenó de optimismo.

Debido a la enorme afluencia de ponentes (que obligó a la organización a añadir un día al programa inicial del congreso), las comunicaciones se desarrollaron simultáneamente en siete salas del Instituto Franklin, albergue de la mayor parte del congreso. Para la conferencia inaugural, sin embargo, acudimos todos a la Facultad de Derecho y allí escuchamos la presentación de la Conference por José Antonio Gurpegui y por su principal alma máter, Esther Claudio. La open lecture corrió a cargo de Roger Sabin, teórico bien conocido por todos los asistentes, que expuso un tema muy interesante: el surgimiento de un mercadeo asociado a los cómics británicos a finales del siglo XIX, concretamente partiendo de la figura del personaje Ally Sloper. Resultaba paradójico que se abriese el congreso hablando de productos emanados de los cómics y no de los propios cómics, pero resultó una excelente introducción. Sabin se extendió sobre la promotional culture que se generó a partir de 1880 en Reino Unido fundamentada en publicaciones de tanta calidad como Ally Sloper’s Half Hollyday, revista con viñetas e historietas (para él, un tebeo genuino ya, y que tiraba 375.000 ejemplares semanales). Las nuevas formas de promoción que se ensayaron partiendo de un personaje de historieta resultaron fascinantes para los allí presentes –todo eran piezas de nuestra particular “arqueología”- y el ponente lo comparó con la utilización posterior de ciertos iconos cinematográficos como motores de la promoción comercial.

Roger Sabin en su conferencia de apertura, con Ally Sloper al fondo.
No es posible hablar del resto de conferencias en su totalidad porque siempre estaban celebrándose panel sessions en paralelo, es decir, tres comunicaciones en cada sala y al mismo tiempo en cuatro o cinco salas a la vez. Pero citaremos algunas de las ponencias a las que asistimos porque fueron realmente enriquecedoras. Cabría destacar en primer lugar la apertura del curso con la presencia de uno de los miembros de la ACyT, concretamente por Paco Martos, que participó con una comunicación referida a la historieta autobiográfica conjuntamente con Carlos Vadillo y Oscar Gual en interesantes intervenciones sobre las estrategias de representación en el cómic autobiográfico y las autobiografías en viñetas de Gallardo, respectivamente. Fue muy ilustrativa así mismo la intervención del profesor Waldomiro Vergueiro, procedente de la Universidad de Sao Paulo, un hombre con profundos conocimientos y múltiples publicaciones (acaba de sacar nuevo libro: A História em Quadrinhos no Brasil, junto con Roberto Elísio dos Santos), que nos habló de la historieta en su país y nos desveló algunos detalles muy interesantes de los sistemas de subvención a los que tienen acceso colegios y bibliotecas y de otros temas que ya quisiéramos poder tener en España.

La intervención del asociado de la ACyT, Paco Martos.
Jorge Catalá, de la Universidad de New Castle, nos sorprendió a todos con una ponencia sobre cómics cubanos en la que profundizaba sobre cierto tipo de humor revestido de pesimismo en un contexto de alienación y con unas pincelas existencialistas que él comparó muy hábilmente con el humor característico de La Codorniz de los años cuarenta. Nos habló de la publicación cubana El Pitirre y de algunos autores ligados a ella, magníficos, que habían llegado a esbozar una tímida crítica hacia la Revolución castrista en varias publicaciones cubanas del final de los años cincuenta y los primeros sesenta. Historietistas como Martínez y Behemaras, con sus parodias de grandes clásicos de la aventura estadounidense, René de la Nuez, que publicó en El Pitirre, Rafael Fornés, que lo hizo en el mismo periódico y además en Lunes de Revolución, El Avance Criollo, Información y Revolución, o Chago, en El Cubano Libre o Revolución, todos ellos concibieron un uso para la historieta en la Cuba de aquel floreciente momento con la que esbozaban un reflexión crítica sobre el sistema que amenazaba a los rebeldes al tiempo que se permitía cuestionar la propia revolución. Todos ellos dejaron de dibujar este tipo de historietas alegóricas a partir de 1963, tras haberse creado otros instrumentos para la difusión de proclamas antiimperialistas como Palante, mucho más acordes y coincidentes con los intereses del nuevo régimen socialista instaurado por Castro.

Jorge Catalá, con algunas de las fascinantes historietas cubanas ue mostró en su panel.
Descubrimos en otro panel a un joven teórico muy prometedor, José Aguilar, con una ponencia sobre la evolución de la moralidad en los cómics de superhéroes. Muy interesante su diferenciación, por ejemplo, entre el imperativo kantiano que preside las decisiones de la JSA y el utilitarismo que caracteriza a los X-Men. En esta misma sesión de ponencias, el joven Dimitri Prandner nos habló de la aplicación de la teoría de la cultural traumata en los cómics de este mismo tipo y la importancia que, según él, habían adquirido la pérdida de confianza en los ideales y la mengua de la libertad personal confrontados con el hecho de que los sentimientos religiosos siguieran subyaciendo entre las razones para los enfrentamientos bélicos (todo ello con la Civil War de Marvel de fondo, claro está). Y sembró el miedo en nosotros cuando reveló que “False heroes are protecting the World”. ¡Buf!

El doctor Jiménez Varea, único que usó la tiza, explicando los entrelazados universos superheroicos. A su derecha está el doctor Vergueiro, de la Universidad de Sao Paulo.
Un momento emocionante del congreso fue la intervención del doctor Jiménez Varea, que nos sedujo con un sugerente modelo de las narrativas entrelazadas en los universos compartidos por series desarrolladas en comic books. Muy interesante su planteamiento de la cristalización del carácter del superhéroe prístino, sobre la generación de un universo mediante el añadido de capas superpuestas sobre una historia fundacional a través del mecanismo de la retcon, y de la génesis de una continuidad utilizando analepsis para la expansión horizontal (en el caso de DC) o vertical (en el caso de Marvel), en este caso a través de la metalepsis. También resultó muy atractiva su idea de una metalepsis ontológica, es decir, la que se refiere a la introducción de nuevos elementos en esos universos que los mismos personajes reconocían como héroes de universos de ficción. Y lo más sugerente partió de su afirmación del valor del “fandom power” como fuerza transformadora de esos universos. Clase magistral.

Antonio Altarriba, en su intervención.
El viernes día 11, Antonio Altarriba impartió una clase plenaria en la que constató la importancia del congreso y nos recordó la próxima celebración del cincuentenario de la teoría sobre historieta en Europa, o al menos la difundida por Giff Wiff desde 1962. Habló de la teoría marginada y automarginada en España, de la presencia de la historieta en las universidades como disciplina académica, y de la separación de enfoques sobre el medio que se practican desde Historia del Arte y desde Comunicación, denunciando de paso la menor participación de los filólogos. Luego replanteó el reto de los orígenes del cómic, cuestionando las tres líneas de trabajo hasta hoy discutidas: la del origen instantáneo, precisado en un autor y una obra, la del origen acumulativo, dependiente de una evolución lenta entre los siglos XVIII y XIX, y la sempiterna, cuyo gurú sigue siendo G. Blanchard, que habla de la historieta como primera voluntad inscriptiva del ser humano. Altarriba abogó por una ampliación del campo y del foco, insistiendo en que deberíamos (los teóricos) dejar de señalar “qué no es cómic” y pasar a abrazar otras posibilidades de análisis. Luego expresó su definición amplia para el medio, “relato en imágenes generadas manualmente”, y nos comentó las dos funciones que lleva adheridas: una “configurativa” (de los actantes, para seguirlos en su evolución y expresividad) y otra “conectiva” (la que establece vínculos compositivos y que instaura el proceso narrativo). Pese a que se remontaba a la Edad Media para mostrarnos lo que él entendía como historietas primigenias, luego expresó que la función configurativa aparece eminentemente en el siglo XVIII con los estudios de fisionomía y trajo a colación la fascinante obra de Hogarth para ilustrar esos principios de configuración. Culminó su intervención instándonos a mirar el futuro con actitud más abierta, practicando la intermediación con otro tipo de estructuras de la narrativa gráfica.
Otros paneles a los que asistimos el viernes nos parecieron también atractivos. Héctor Oliva nos habló de las relaciones de necesidad entre cine y cómic, sobre la representación pantomímica en las primeras representaciones de cine, y trató específicamente sobre el auge de las adaptaciones de cómic al cine en Hollywood comparando lo producido entre 1978-1995 con lo producido entre 2000-2010. Jordi Canyissá, que siguió al anterior, hizo un repaso a las aproximaciones a los orígenes y definiciones del cómic entrando en el debate de la controversia existente sobre este asunto. Nos refrescó las teorías de Smolderen, Groensteen, Morgan, Dierick, Lefévre, Blanchard, Kunzle y otros, y se detuvo a comentar la transformación que impulsaron las técnicas litográficas dejando al final el sorprendente apunte de la novela gráfica (más bien “novela dibujada”) que quiso elaborar Caran D’Ache en 1894.

Mesa redonda con Diego Matos, J. Jiménez Varea, M. Barrero y E. Claudio.
Asistimos luego a una mesa redonda, en la que participamos Esther Claudio, Diego Matos, Jesús Jiménez Varea y yo, sobre la que no puedo opinar ya que me contaba entre los ponentes (también hubo una entrevista celebrada con Radio Exterior RNE, en la que participé justo tras una interviú mantenida con Sabin y Hatfield). En la mesa redonda se comentó la dificultad para localizar corpus de trabajo en España, las rutinas de investigación sobre historieta en nuestro país y el estado de la cuestión, y también la buena nueva de que en varias universidades españolas (Barcelona, Burgos, Granada, Sevilla) ya existían asignaturas optativas o másteres que se ocupaban del cómic.
Tras eso asistimos al “espectáculo Rom”. Josep Rom, profesor de diseño gráfico y experto en teoría publicitaria en Barcelona, nos deleitó con su saber estar ante un auditorio y con una interesante comunicación sobre la influencia del cómic en la publicidad. Introdujo el tema mostrándonos algunos ejemplos de las vidas en paralelo de ambas expresiones, para lo cual nos recordó el conocido caso de Buster Brown, con sus 34 productos licenciados en la Saint Louis Fair de 1904, de los cuales al menos uno aún persiste, el de una marca de zapatos. Luego nos habló de los usos de la historieta en los cómics, explotándolos como estética, como código o como narración. En los tres casos nos puso ejemplos muy ilustrativos, realmente bien escogidos y algunos francamente divertidos, añadiendo de paso algunas ideas sugerentes sobre el medio historieta considerado como un working in progress por su capacidad para replantearse sus propios códigos, o como la de la fácil decodificación de la imagen dibujada frente a la fotográfica en muchos casos.

La deliciosa intervención del doctor Pintor.
No menos interesante que la de Rom fue la ponencia de Iván Pintor. Hombre del Renacimiento indudablemente (doctor, profesor, escritor, articulista cultural, guionista, etc.), hizo una exposición sobre la discontinuidad en la narrativa en general, pero con detención en la historieta, con la que nos dejó a todos embelesados. Las metáforas y símiles utilizados por el profesor fueron tan hermosas como sugerentes: “dibujar es pensar”, “hacer historietas es realizar diagramas narrativos”, “la historieta es una mariposa que espera a que el niño que llevamos dentro le devuelva el agitar colorista de sus alas”, “la viñeta nos pide que le insuflemos el tiempo”, etc. Muy interesante su teoría sobre la experiencia del “memorioso” en el cómic, sobre el concepto de discontinuidad narrativa godardiano aplicado a la historieta, sobre la ingravidez como tema y como eje, y, finalmente, sobre el anidamiento de un conocimiento épico en la historieta: “una idea vinculada con la figura del niño que permite dejarse mirar por las viñetas”. Más hermoso imposible. Y acertado, como sus propuestas sobre afrontar el problema del tiempo en las artes, sobre la cristalización de la imagen, y sobre la transición del mitograma al pictograma. Aplauso.
No podemos dejar de citar a Jessica Abel como plenary speaker el viernes, en una clase en la que nos expuso un planteamiento didáctico más que de otro tipo, tirando mucho de los modelos de McCloud, que algunos consideramos algo lastrados por su carácter fenomenológico. Con todo, resultó instructivo y la sala estaba a rebosar. Abel posee una gran capacidad como comunicadora en la que combinaba su rápida dicción con una modélica presentación y puesta en escena de los contenidos de su conferencia. Ella habló sobre cómo construir historietas y el abundante quedó muy satisfecho.

Jessica Abel, durante su conferencia plenaria celebrada en el ecuador del congreso.
Otras de las conferencias interesantes a las que pudimos asistir más tarde fue la de Luis Jefté, que trató el problema del uso del español en los cómics puertorriqueños. Tras un repaso muy panorámico sobre la historia de las “tirillas” y los “paquín” en su país, pues así es como denominan de manera popular a las historietas y a los tebeos respectivamente, entró a valorar la traducción de series estadounidenses en su prensa hasta llegar a la situación actual en la que se distribuyen más cómics en inglés que en español. La política lingüística del país invita a valorar ambas lenguas por igual, pero los autores de cómic deben realizar un gran esfuerzo para favorecer la historieta de carácter local, lo que se ve complicado con la mala formación en lengua española que exhiben los historietistas más jóvenes. No muy lejos de este emplazamiento (en el mapa) se situó Alfredo Guzmán, de origen mexicano pero perteneciente a la Autónoma de Barcelona. Alfredo hizo un recorrido por los espacios míticos referenciales utilizados en la serie Palomar, de los Hernandez Bros., para discriminar tres tipos de inserciones en un imaginario común que en absoluto se corresponde con un referente real: lo americano, la imagen mítica de lo mexicano, y la alteración de lo americano con elementos mexicanos. Revelador.
Breixo Harguindey entró fuerte con su ponencia sobre el “orden en los cómics” certificando la muerte del paradigma teórico estructuralista aplicado al estudio de la historieta. O, dicho de otro modo, la ruina del sueño semiótico, apoyando así la idea de dejar de lado el análisis de carácter microscópico para usar uno macroscópico. Harguindey abrazó las teorías publicadas hace un lustro por Harry Morgan según las cuales descender al nivel básico de la viñeta resulta inútil y depender, en general, del modelo significativo no permite descubrir un sistema para estudiar la historieta como medio ni sus orígenes. Con este punto de partida, Breixo planteó en su intervención un nuevo paradigma: estudiar el medio a partir de sus condiciones materiales, tomando como referentes obras como la del sociólogo Donald McKenzie, y con el enfoque centrado en la producción de sentido partiendo de las formas pero teniendo presente que hay que superar el dualismo axiológico soporte – texto. Para ello rescató la noción de dispositif de Foucault (desvestido, eso sí, de su cualidad como reservorio de poder social) para imbricarla con la idea de J. Salomon de que los soportes y técnicas influyen sobre la relación que se crea entre el espectador y la imagen. En suma, el ponente confirió identidad temporal al formato advirtiendo que la temporalidad no define este formato. Terminó planteando un modelo dinámico (en el sentido físico) para el estudio del cómic, separando el carácter “temporal serial” por un lado y el “espacial vinculado al formato” por otro. Con esto demostraba una “genética” de la puesta en página dependiente de las condiciones materiales que se combina con la constatación del distanciamiento físico que se produce en el acto de lectura para formar una “malla dimensional”. Esta sugerente idea, a la que acudió ayudándose de modelos planteados por Michel Rio, le sirvió para proponer nuevos retos para los investigadores, por ejemplo: ¿Qué relación existe entre el tamaño de la viñeta y el plano que contiene? ¿Qué relaciona la “malla dimensional” con el formato?

López-Serrano a punto de iniciar su conferencia, o sea, justo antes de sacar a relucir su mejor arma.
En una de las tres últimas intervenciones ordinarias del congreso hablaron López-Serrano y el director de TEBEOSFERA. Él de Hugo Pratt, un autor que había quedado inmerso en su personaje, lo cual le sirvió al ponente para lanzar una mirada no exenta de inteligente sarcasmo a la historia del siglo XX. Barrero, de Luis Mariani, un autor español desconocido que ensayó con unas primeras burdas historietas en la década de 1860 (lo cual lo convierte en pionero) y que servía de apoyo para mostrar el carácter acumulativo del advenimiento del cómic en nuestro país, y la relación débil que se estableció entre los autores sevillanos y madrileños que crearon más historietas en la década 1864-1873. Lo más importante de la intervención sobre Mariani fue comprobar que, aparte de lo que pudiera gustar al público o servir a otros investigadores, se apuntaba una convergencia con las ideas expuestas por los otros teóricos sobre este y otros temas a lo largo del congreso.

Presentación de Manuel Barrero en una de las tres conferencias de cierre del ciclo de ordinarias.
Esa convergencia fue la tónica dominante en el mismo, y cuando nos reunimos la mayoría para escuchar al plenary speaker Charles Hatfield en lo que sería la guinda del congreso, reinaba en la sala una atmósfera de satisfactoria comunión. Su exposición sobre los derroteros por los que habían pasado los alternative comics en los EE UU y Canadá fue realmente magnífica, poniendo la tilde sobre el cambio del concepto alternative / independent aplicado a los tebeos debido a las transformaciones de la industria editorial y de distribución en los Estados Unidos. Trató también sobre los supuestos beneficios del direct market sobre este tipo de productos, y terminó con una alusión a los llamados minicomics –que en España podríamos asociar a un tipo de fanzinismo- bastante indicativa de la situación de la industria norteamericana actualmente.

La conferencia de cierre fue la pronunciada por C. Hatfield, sobre los alternative comics.
Se concluye que este congreso ha resultado un éxito rotundo de asistencia, de calidad de aportaciones (de muy alto nivel) y en su organización. Todos los chairmen mantuvieron el orden y el correcto desenvolvimiento de las comunicaciones (salvo alguna perturbación puntual), el Instituto se volcó con los congresistas y la impulsora y organizadora de la Conference siempre estuvo al quite de cualquier problema. Esther Claudio no desfalleció un instante, veló porque todo siguiera estando en su sitio y supo capear todos los problemas surgidos, algunos de los cuales le obligaron a recuadrar las sesiones durante el desarrollo del congreso. De todo salió airosa sin perder el buen talante.
Esther Claudio ha logrado que todos nos quedásemos un poquito prendados (intelectualmente) de ella, por saber ser encantadora pese al estrés y conseguir reunir en un clima de cordialidad e intercambio de conocimientos a la mayor cantidad de teóricos nunca vistos en España en un contexto similar. Este congreso ha supuesto un punto de inflexión para el estudio de la historieta, pues ha despabilado a muchos teóricos españoles que, o estaban dormitando o no se atrevían a lanzarse a la arena, y ha puesto a otros más habituados a defender sus hipótesis en posición de compartir ideas y de converger con las de sus colegas, incluso con autores del extranjero. En Alcalá de Henares ha tenido lugar un brainstorming de cuatro días como jamás habíamos experimentado, cuya adrenalina nos va a conducir a buenas metas, indudablemente.


4 comentarios:

  1. Muy completa información, mi falta de inglés ha podido saciarse con lo que de las conferencias plenarias en inglés se dijo. Un saludo.

    ResponderEliminar
  2. Un despiste imperdonable. Ya está corregido. La comunicación impresionante. Lástima que coincidieran las dos en sesiones paralelas.

    ResponderEliminar
  3. Enhorabuena por la crónica, tal vez la más prolija (segunda acepción, no se me cabree Don Manuel) en cuanto a los detalles de las conferencias de todas las que he leído. La verdad es que me habría encantado asistir a muchas de las conferencias de este congreso, especialmente a las de Sabin, Hatfield, Altarriba, Harguindey y Varea. Los tres últimos por lo interesante de sus conferencias y los dos primeros por la aureola (merecida) que tienen alrededor; especialmente Sabin, uno de los historiadores más desacomplejados que conozco, capaz de arrojar una mirada vivificante a toda la historieta por igual. De hecho, si una impresión me queda de todas las crónicas que he leído es la apuesta por el enfoque multidisciplinar a la hora de aplicar distintos modelos de análisis a la forma historietística y sus contenidos. Cualquier historieta admite una aproximación metodológica rigurosa, cualquier historieta es valiosa, no hay nada intelectualmente despreciable en ninguna tradición.

    De Hatfield naturalmente me he leído su Alternative Comics: An Emerging Literature y celebro que para su conferencia escogiera lo mejor de su aparato discursivo: ese análisis del mercado norteamericano reciente que pone en valor los condicionantes industriales sobre las voluntades artísticas y los movimientos estilísticos. Creo que es donde su discurso se hace más fuerte... en la aplicación de la célebre "la evolución de un género revela una economía basada en las demandas de los lectores y la producción de los autores" de Erickson (con la que, por cierto, abre su libro) a la industria estadounidense. Empero, cuando Hatfield analiza la forma artística creo que es cuando más patina... personalmente estoy con la crítica que le hacen Matthias Wivel y Bart Beatty cuando señalan que Hatfield despoja de sentido al campo literario al hacerlo extensivo a cualquier texto (incluyendo el no verbal) de cara a dar cabida al cómic, y que sus estudios tienen algunas carencias en cuanto al análisis del componente formal, visual, de la historieta (que reduce la imagen a mera sustituta de la prosa descriptiva literaria que contextualiza a los actantes, así como a un vehículo del subtexto conceptual de la obra). Este intercambio epistolar arroja mucha luz al respecto.

    Un abrazo, Don Manuel. Celebro que le fuera bien y que quedara contento.

    ResponderEliminar
  4. leyendo todas las crónicas no salgo de mi "burbuja de envidia" (¿sana?) Sin duda una iniciativa fecunda, la de estas jornadas, que espero se traduzca al papel para fiesta de los que no hemos estado presentes.

    ResponderEliminar